José Teruel Escobar junto a su esposa Consuelo.  José Teruel Escobar nació en 1.879, y con apenas 17 años se alistó y marchó a Filipinas desde Cartagena al son de "Los Voluntarios". A raíz de la declaración de guerra de los Estados Unidos motivada por los sucesos de Cuba.

   Estuvo preso en un campo de concentración donde intentó escapar unas diecisiete veces, hasta que por fin lo consiguió a través de la selva, donde permaneció en un árbol durante 48 horas hasta despistar a sus perseguidores.

 

   Liberado gravemente enfermo, fue embarcado hacia España y retornó a Moratalla a principios de 1.899, con 21 años de edad, tardando en recuperarse unos 4 años.

 

   Hombre tenaz, valiente, y con mucha personalidad, fue glosado en la época como:

 

   Gracioso, fino, elegante,

lleva la barba bizcosa

y en lo florido y galante

parece una mariposa.

Tiene enfermedad de sueño,

es danzante y bailarín,

y cabe por lo pequeño

en un medio celemín.

 

   Llevado por sus inquietudes públicas, fue elegido alcalde en 1.921. En 1.922, tras nueva convocatoria, es elegido concejal del Ayuntamiento por el distrito cuarto, con la mayor representación en aquellos comicios municipales, donde trabajó denodadamente para imponerse a la acción de los "caciques" disponiendo incluso de buena parte de su patrimonio.

 

   Tras la dictadura de Primo de Rivera, donde desaparecieron las Corporaciones Locales, repite suerte siendo elegido Concejal en 1.930. Ahora como solitario representante de la izquierda, formando parte de la Comisión de Hacienda, Presupuestos y Obras Públicas.

 

   Tras la proclamación de la IIª República, en sesión de 5 de Junio de 1.931, es elegido alcalde de Moratalla.

 

   Encontró un Ayuntamiento endeudado, con cuentas embargadas, y en el pueblo, una situación de paro generalizado; un paro brutal. La situación socieconómica era caldo de cultivo para el desorden. Pero los problemas que afrontó durante su mandato José Teruel, no hicieron decaer su ilusión por servir a sus conciudadanos.

 

   Para paliar la severa "crisis de trabajo", proyecta diversas obras, principalmente la reparación de los conductos y el abastecimiento público mediante las aguas llamadas del Cañico. A mediados de 1.931, solo 27 vecinos gozaban de este precioso servicio. El resto de la población, tenía que proveerse de agua potable, trasportándola desde las escasas fuentes públicas distribuidas por el caso de la población. Era un viejo proyecto que venía defendiendo desde su primera etapa como Alcalde y posteriormente en el seno de la corporación monárquica cuando era el único representante de la izquierda.

 

   También propuso el control de las aguas de Benámor para facilitar el abastecimiento público. Que construyan pantanos para remediar las irregularidades de las lluvias, y particularmente en Moratalla el pantano de La Puerta, prometido pero nunca ejecutado. Tan prometido, que quizás por ello apareció en los informes hidraúlicos de la época como obra terminada.

 

   Pero entre otras de sus iniciativas se encuentran la puesta en marcha de la oficina de Colocación Obrera, refuerza la presencia de unidades de la Guardia Civil a caballo, canaliza solicitudes de préstamos para agricultores, para "cortar las prácticas de usura", y sale a subasta el segundo tramo de la construcción de la carretera del Campo de San Juan.

 

   Pero la situación del Ayuntamietno de Moratalla es caótica. En parte por los problemas heredados, en parte por el acoso a que se ve sometido por lo que ahora se llamarían "poderes fácticos". José Teruel, desde los primeros tiempos de su mandato estuvo en el punto de mira de poderosos enemigos. No es lógico que con un presupuesto heredado, un repartimiento incorrecto de las cuotas de utilidades, y tantas otras irregularidades soportadas, a los seis meses de tomar posesión, se efectúe una inspección gubernativa para comprobar la gestión de la Corporación, y en concreto de su Alcalde.

 

   Pero fue un hombre valiente y adoptó decisiones importantes, mediando en los conflictos obreros de Mayo de 1.932 y solucionando el establecimiento de los jornales de la temporada de verano. Se adhirió a la supresión de las Diputaciones, se preocupó sobremanera por el abastecimiento de agua potable, incluso posicionándose en contra de los Heredamientos de Benámor, en manos de personas de gran poder social y económico, para uso y disfrute público.

 

   José Teruel no era de todo comer; durante su mandato tuvo muy claro la necesidad de mantener el órden público; y lo consiguió plenamente. Pero todo lo expuesto, y una gestión notable, no era bagaje suficiente. El 21 de Marzo se presenta en Moratalla un delegado gubernativo, procedente de Madrid, que da lectura a un oficio en el que manifiesta que es uso de las atribuciones que le han sido conferidas ha tenido a bien decretar se suspendan hasta nueva órden todas las operaciones que afecten a la parte económica de este municipio. Teruel responde con su inmediata dimisión; él sabia, tenía conciencia de que la vida de la Corporación estaba cantada y se resiste al escarnio que se pretende. Dimite pero manifiesta que seguirá como concejal representando los intereses de sus electores.

 

   El cese de la corporación venía rumoreándose desde que triunfó la derecha moderada de Lerroux. La U.G.T. y la Agrupación Socialista formulan una protesta por el preconizado cese, y aunque reconocen algún fallo, ponen de relieve los muchos aciertos y anticipan que serán sustituidos por aquellos que cayeron el 14 de Abril.

 

   Como era de esperar, ante este atropello, José Teruel, ahora mero concejal, hace uso de la palabra para manifestar su enérgica protesta, y acusa al gobernador y al propio Ministro de la Gobernación de la infracción de determinados preceptos de la ley municipal, estimando que existe una convocatoria incorrecta y una arbitrariedad en el fondo. De esta manera el Ayuntamiento se anticipa al destino del resto de los Ayuntamientos españoles elegidos libremente en Abril de 1.931. En el mes de Octubre siguiente, todos quedaron suspendidos.

 

   D. José Teruel Escobar termina aquí su vida política. Es verdad que con el triunfo del Frente Popular, se reintegra a la alcadía e incluso en la primera sesión que se celebra con el nuevo régimen, su hombría de bien y prestigio acumulado promueven su nombramiento unánime como Alcalde; pero en unos pocos meses, su capacidad prospectiva le convence que la nueva situación iba a acabar con aquello por lo que tanto luchó durante muchos años; especialmente desde el día en que ilusionadamente tomó posesión del Ayuntamiento en nombre de su querida República, con la bandera tricolor ondeando en el asta y en su valiente corazón.

 

   Aprendió a vivir de los recuerdos, recuerdos que se avivaban cuando cobraba en los años setenta las doscientas cincuenta pesetas mensuales que le habían reconocido como combatiente en Filipinas. Mi generación y alguna posterior conserva la imagen de un hombre pequeñito, ligeramente encorvado, emanando, no obstante, una cierta distinción y una extraña y recia autoridad. Escuchamos de sus labios las aventuras en las islas, lances galantes con bellas tagales, la admiración que despertó su nariz en una princesa india, que esperando un niño, tocaba la nariz de Teruel, con la aspiración de que su hijo tuviera un parecido apéndice nasal. Tuvo muchos años, más de 80, para vivir y para sufrir, y en los últimos de su vida para dejarse llevar por la emoción humedeciéndosele los ojos cuando casualmente escuchaba el son de "los Voluntarios".

 

   Valga un sucedido para rematar esta pequeña historia. Había terminado la Guerra Civil, y se constituyeron los tribunales para juzgar a personas que se hubieran distinguido por su ideología izquierdista. Es una vista pública se juzgaba a varios encausados, entre ellos a Pepe Teruel, hijo. El Presidente del Tribunal pidió: "póngase en pie, José Teruel Escobar". Rápidamente se levantó de entre el público, Don José Teruel. El Tribunal titubeó unos instantes, lo que aprovechó nuestro protagonista para exlcamar: me llamo José Teruel Escobar, si alguien con este nombre ha ejercido cargos políticos, he sido yo; ¡es a mí a quien tienen que juzgar!

 

   Genio y figura...

 

Extracto del libro "De Moratalla a Murcia (1931-1955)" de Arsenio Sánchez Navarro.